martes, 17 de agosto de 2010

CAPÍTULO 4: ¡NO HAGAS ESO!

- Y para pasar el fin de semana, creo que podríamos llamar a Raquel y Ángel para que se vengan a cenar y luego salir por ahí. Sí. Y quizá también le interese a Pablo y Jose. Yo, personalmente prefiero que salgamos tranquilamente, sin discotecas y eso porque... porque... ¿Lana? ¿Me estás escuchando?

Lana estaba sentada en la mesa del salón y no dejaba de remover un café que ya se había enfriado hacía rato. A su lado, su amiga Elisa había vuelto a casa tras haber pasado la noche en casa de unos amigos en la ciudad de al lado. Elisa le estaba planteando sus planes para el fin de semana, pero Lana no lograba entusiasmarse con ellos. No dejaba de pensar en Alehl. La noche de antes por fin había conocido su nombre, después de largos años de sueños compartidos. Él la había cuidado durante toda la noche pero, cuando Lana había despertado por la mañana, Alehl ya había desaparecido. No sabía por qué se iba ahora que apenas habían comenzado a conocerse. Era curioso, pero le echaba intensamente de menos. Cuando soñaba con él, estaba totalmente enamorada del chico y nada más existía. Era maravilloso. Sin embargo, a menudo le fastidiaba tener que volver al mundo real, con las clases, el vaivén de la gente que la rodeaba, Dani, que era su propio novio, sus amigos de allí y, por supuesto, todos sus problemas. El cambio era bastante notable de una situación a la otra y a Lana le costaba asimilar que aquel chico era sólo parte de su imaginación, algo así como un amigo invisible.

- Lo siento, Eli. Estaba metida en mi mundo. Este fin de semana no podré planear nada por aquí porque me iré a casa de Dani a pasar esos días.

- ¡Eso es genial! -exclamó Elisa entusiasmada-. Ya verás como despejarte estos días de descanso te viene muy bien, y más aún si es al lado de tu novio. ¿No crees?

- Sí -respondió Lana sonriendo al pensar en Dani.

No era un chico excesivamente guapo, pero a Lana le había gustado muchísimo desde el primer día en que lo vio. Era alto, de espalda ancha, con el pelo moreno y por los hombros, y los ojos oscuros, como su piel. El principio de la atracción de Lana por Dani comenzó con el primer día de clase, cuando ambos entraron por primera vez al aula y se miraron. Con el tiempo se fueron conociendo más y más, y al final habían decidido intentar algo juntos. La primera vez no salió bien por culpa de la propia Lana, que seguía pensando en su anterior chico, que seguía atormentándola continuamente. Pero, tras un tiempo separados, Lana comprendió que quería estar al lado de Dani. Para siempre. Que lo necesitaba como el cielo necesita al Sol, que lo añoraba de manera inevitable cuando llevaba sin verlo más de dos semanas y que echaba de menos sus besos y sus abrazos. Fue al comenzar el segundo año cuando se dieron una segunda oportunidad. Y ahora llevaban juntos casi un año y Lana seguía queriéndolo tanto o más que el primer día.

Ese fin de semana había fiestas en la ciudad de Dani y sus padres habían invitado muy amablemente a Lana a pasar aquellos días allí, con ellos y con la familia de Dani. Ella había aceptado de buena gana, puesto que llevaba ya casi tres semanas sin estar con él y lo echaba muchísimo de menos. Así pues, había llegado el viernes y Lana se había levantado temprano para poder hacer las maletas antes de que Dani llegase a por ella en su coche. Sin embargo, no podía dejar de pensar en aquel chico de ojos verdes, Alehl cuya mirada se había introducido hasta lo más hondo de su ser.

Sacudió la cabeza, echó un vistazo al café y se dirigió a la cocina para tirarlo por el fregadero. Elisa se había sentado en el sofá y miraba cosas en internet con su portátil sobre las piernas y unos auriculares taponándole los oídos. Lana la miró, sonriendo, y se dirigió hacia su habitación para empezar a hacer la maleta. Pasó el resto de la mañana esperando a que apareciera Alehl, pero esto no ocurrió.

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El hecho de estar en casa de Dani resultaba extremadamente reconfortable. Los olores a comida casera de su abuela, los gritos de sus primos pequeños por la casa, la continua atención de su madre... Era maravilloso. Era como sentir un aire nuevo y vitalizante. Tenían mil planes para aquellos dos días que iban a pasar juntos y ambos estaban emocionados ante la perspectiva de volver a estar juntos, aunque sólo fuera un par de días.

Aquel mismo día, viernes, habían decidido ir a la piscina por la tarde, después de comer, y por la noche salir a las fiestas con los amigos de Dani. Lana sentía mucha curiosidad por conocerlos/as y, al parecer, era un sentimiento recíproco. Mientras estuvieron en la piscina conoció a alguna de la gente con la que saldría por la noche, y compartieron algunas risas e intercambiaron relatos de experiencias. Lana no pudo evitar pensar que Dani era completamente distinto de sus amigos.

Por fin llegó la noche y Lana se vistió de manera sencilla pero a la vez algo arreglada. No le gustaba arreglarse demasiado y consideraba que ella estaba bien cuanto más natural fuera. Por eso, al reunirse con los amigos/as de Dani, se dio cuenta de que contrastaba muchísimo en cuanto a estilos de vestir y maquillaje. Aún así, se dijo a sí misma que ella era como era y punto. Estuvieron tomando unas copas y hablando con la gente antes de entrar al Auditorio, donde se organizaba la fiesta. Varios amigos de Dani tenían equipos de música de gran calidad en sus coches y los abrían mientras bebían en la calle para animar el ambiente. En realidad, no se estaba nada mal allí. Entre copa y copa, Lana y Dani intercambiaban algunas palabras cariñosas, insinuaciones e, inevitablemente, miles de besos que dejaban ver claramente cuánto se habían echado de menos.

Cuando ya era bastante tarde, se dirigieron al Auditorio y se dispusieron a bailar todos juntos. Lana y Dani no dejaban de mirarse, reírse el uno del otro, bailar e intercambiar algún que otro beso más. Estaban en lo mejor de la fiesta cuando uno de los amigos de Dani se acercó, alertando a todos los demás para que salieran fuera del local un momento. La cara de Dani cambió y Lana se asustó ante la expresión que apareció en la cara de él. Inmediatamente, la cogió de la mano y salieron juntos al exterior. Un poco más abajo de donde estaba situado el Auditorio, había un callejón más oscuro, donde habían estado bebiendo antes. Allí se dirigían casi todos los amigos de Dani. Lana iba a preguntar qué pasaba pero se calló en cuanto vio lo que estaba ocurriendo. Uno de los mejores amigos de Dani estaba discutiendo con un chaval algo más mayor que él y le recriminaba algo sobre una chica.

- Quédate aquí -dijo Dani a Lana, mirándola fijamente a los ojos.

Lana iba a responder pero una de las amigas de Dani se acercó a ella para apretarle la mano con fuerza en señal de apoyo.

Dani se dirigió, con dos chicos más hacia el lugar donde, rodeados por el otro grupo de chavales, discutían el amigo de Dani y el otro chico. Lana reconoció al amigo de Dani. Se llamaba Raúl y era un chico algo bajo pero robusto y con mala fama en los pueblos de alrededor por provocar a menudo altercados. Sin embargo, Dani había aclarado a Lana que en realidad, todo lo que hacía el chico era exhibir su coche con su equipo y eso causaba envidias entre los chavales de las localidades vecinas. Claro que, a veces, cuando bebía demasiado, intentaba algo con alguna chica que ya estaba con alguien y esto llevaba a otra nueva pelea. A Lana le pareció oír algo sobre una chica mientras los dos chavales discutían. Se mordió el labio inferior, asustada. Si Dani entraba en la discusión y, por lo que fuera, había una pelea allí mismo, no sabría qué hacer pero se sentiría realmente mal. Dani le dirigió una mirada tranquilizadora antes de comenzar a hablar con los amigos del chaval con el que discutía Raúl.

- Tranquila, sólo van a hablar. Ya lo verás. Ya ha pasado otras veces y no llegará a más. Además, Dani no entrará en ninguna pelea mientras pueda evitarlo y menos mientras tú estés aquí.

Lana tragó saliva, haciendo un gran esfuerzo por creer las palabras de Claudia, que así se llamaba la amiga de Dani que se había acercado hasta ella y ahora le estaba sujetando la mano. Inesperadamente, la discusión se hizo más agresiva. Uno de los chavales con los que hablaban Dani y sus amigos, haciéndoles gestos para que se relajaran un poco, había cogido a Héctor (otro amigo de Dani) por el cuello de la camisa y se disponía a pegarle un puñetazo. Dani se interpuso y obligó al chaval a soltar a Héctor. Raúl y el muchacho con el que tenía el problema se estaban pegando puñetazos y rodaban de vez en cuando por el suelo.

Lana no era consciente de ello, pero dos lágrimas bañaban sus mejillas y se había llevado su mano libre a la boca, ahogando sus sollozos. Vio, con los ojos empañados cómo Silvia (la actual novia de Raúl) se acercaba a los chicos para intentar calmarlos y poner orden. Todos peleaban. Lana veía desesperada y conteniendo de vez en cuando la respiración, cómo Dani propinada codazos, patadas y puñetazos a los otros chicos. Silvia estaba en medio. El chico con el que se peleaba Raúl le dio una bofetada y cayó al suelo con un violento golpe. A pesar de todo, Silvia se levantó, con una mancha de sangre en la cara y se lanzó contra el oponente de Raúl.

En cuestión de segundos, se vio algo metálico relucir en la oscuridad del callejón y, acto seguido, uno de los chicos que estaban peleando contra Dani y sus amigos se volvió hacia Silvia y se acercó hasta ella con violencia. Segundos después, se oyó un grito de Silvia, ahogado por la tela de la camisa de su agresor, que la apretaba contra sí, con fuerza. Dani reaccionó enseguida. Silvia era su mejor amiga. Se quitó de encima al muchacho contra el que llevaba peleando un rato y, sin pensarlo dos veces, se lanzó hacia el agresor de Silvia. Lana no pudo evitarlo y gritó.

- ¡Dani! ¡No hagas eso!

Pero Dani no podía pensar, no podía moverse, porque su contrario había sido más rápido qu él, lo había b¡visto venir y había clavado la gran navaja que tenía en su mano en la espalda de Dani. Inmediatamente, los chavales con los que habían estado peleando hasta hacía apenas unos segundos salieron corriendo hacia sus coches.

El resto de la gente estaba conmocionado. Los amigos de Dani se habían repartido entre él y su amiga Silvia. Entre las piernas de Héctor, Lana vio cómo Dani la miraba por última vez y sonreía.

2 comentarios:

  1. ¡Qué fuerte! Esto ha resultado mucho más creible.
    Dicen que los textos de los grandes escritores siempre tienen un punto biográfico.
    Sigo leyendo

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  2. Pues sí, tienes razón. Este capítulo es considerablemente biográfico en su mayor parte.
    Ojalá fuera una gran escritora. Gracias por el cumplido. ^^

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