miércoles, 11 de agosto de 2010

CAPÍTULO 2: ALEHL

Deseaba abrazarla, lo deseaba con todas sus fuerzas, desesperadamente. Pero sabía que no podía ser, que al intentar tocarla no lo lograría. Resultaba tan frustrante...

Por su parte, Lana ahogó un sollozo y se esforzó mucho más que antes para no llorar. Respiró hondo y levantó la vista. Se sorprendió al descubrir al chico de los ojos claros muy cerca de ella. La observaba intensamente, pero en el fondo de su mirada, la pena se dejaba adivinar como un telón de negras sombras. El chaval hizo un ademán de acariciar la mano de Lana, pero en seguida retiró su mano.

Hacía ya mucho tiempo que la chica soñaba con aquel muchacho y a menudo lo imaginaba abrazándola por las noches, dispuesto a velar sus sueños. En varias ocasiones llegó a creerse que él era real pero no poseía un cuerpo y, por eso, al abrazarla o rozarla sólo sentía una suave y fresca brisa acariciando su piel en la zona de contacto entre ambos. Sin embargo, después siempre acababa resoplando decepcionada porque todo aquello era fruto de su poderosa imaginación.

Últimamente soñaba casi todas las noches con él y, en sus sueños, él sí podía tocarla, abrazarla muy fuerte, besarla y susurrarle al oído que todo iría bien. Cuando despertaba al día siguiente, la angustia le oprimía el corazón. Los últimos tres sueños no habían sido muy agradables. Daba igual como empezase su historia, él siempre acababa muriendo de alguna manera y Lana se sentía entonces más sola que nunca y lloraba amargamente, con la impotencia ahogándola. Ahora, despierta, era capaz de recordar muy bien aquella sensación, aquel sentimiento de pérdida, de dolor. Era como si le hubieran arrancado un trocito del corazón.

Suspiró, sacudiendo la cabeza, ruborizada. Aquella noche había soñado que él se suicidaba y había sido especialmente violento y doloroso para la muchacha. Y ahora, de alguna incomprensible manera, él estaba allí, con ella. Y aquel chico sabía perfectamente lo que había soñado aquella noche y todas las demás. Realmente lo habían vivido todo juntos, aunque fuera en el mundo de los sueños. Pero, ¿quién era él?

Lana volvió a alzar la mirada y le preguntó muy seria:

- ¿Quién eres? ¿Qué eres? ¿Por qué estás aquí?

Él la miró fijamente y un brillo de dolor apareció fugazmente en sus ojos, pero desapareció enseguida y su mirada se volvió impenetrable.

- No quiero hablar de ello -respondió sin más.

- Pero estás aquí y... ¡Ni siquiera sé tu nombre!

- Puedes llamarme Alehl.

- ¿Alehl? Es un nombre muy raro, parece... un nombre de ángel -se detuvo al comprender el significado de sus propias palabras y lo miró, sorprendida -. ¿Eres un ángel?

Él no contestó al instante, sino que parecía que estaba sopesando aquella posibilidad. Tras unos segundos que fueron eternos para Lana, Alehl contestó:

- No creo -y, sacudiendo la cabeza, añadió-: No es fácil explicar mi condición o naturaleza, al menos en este mundo. Por el momento, sólo debes saber que estoy aquí contigo para protegerte, hasta que escuche la llamada y tenga que partir.

- ¿Protegerme? ¿De qué? -preguntó ella, visiblemente sorprendida por las palabras de Alehl.

- No quieras saber más. Así basta. Es suficiente.

- Pero, ¿entonces te irás algún día?

- Sí -la respuesta fue contundente y Alehl la dijo clavando sus preciosos ojos en Lana.

Sin embargo ella no podía ver más que un muro enorme, que la hacía sentirse muy lejos de él.

- ¿Cuándo? -preguntó ella sin pensar.

- Todo depende de ellos, de los que mandan -añadió, intuyendo la muda pregunta de Lana-. Tranquila, me olvidarás -dijo el chico con amargura, pero tratando de restar importancia al tema-. A partir de ese momento no soñarás conmigo. No me verás más. No existiré para ti.

El muro de sus ojos se vino abajo. Se veía la profunda tristeza que atenazaba su corazón. Lana suspiró, ansiando más que antes abrazarlo y Alehl se dio cuenta. Pero el contacto físico no existía para ellos y simplemente se miraron. En esa mirada se transmitieron más de lo que podían decir las palabras, más de lo que podían demostrarse en un abrazo, más de lo que podían expresar de cualquier otra manera. Cuando pasó el momento, Alehl rompió el silencio:

- Sube a dormir. Estaré contigo, te cuidaré y no permitiré que pase nada malo. ¿De acuerdo? -ella asintió con seguridad-. Vamos pues.

Y ambos se encaminaron por las escaleras hasta llegar a la habitación de Lana. Ella se echó sobre la cama y se acostó en posición fetal. Alehl se acomodó a su lado, y la rodeó con sus inmateriales brazos, amando cada respiración de aquella muchacha y aspirando el perfume de su pelo.

2 comentarios:

  1. Bueno, el tema recuerda las últimas tendencias o gustos de los adolescentes (amor imposible, diferencia de mundos,muros emocionales infranqueables, destino fatídico,unión imposible...)Sigo leyendo espero algo más.
    Sigo insistiendo en que leas una y otra vez antes de publicar,arregla y matiza el texto.
    Creo que estoy demasiado crítica pero ya me conoces.....Si me paso me lo dices, a veces sólo escribo tonterías.
    Te quiero un montónnnnnnn!

    ResponderEliminar
  2. Lo reviso inmediatamente si así lo aconsejas! =)
    Pero quiero que sepas que esto es mucho, muchísimo más que una novela adolescente.
    Prefiero que leas hasta el capítulo 9 y después me digas si sigues pensando que debo cambiar esto, ¿ok?
    Yo también te quiero un montón!! ^^

    ResponderEliminar