- Sabías cuáles eran las Normas, ¿por qué no te has limitado a cumplirlas?
Alehl sacudió la cabeza. Su Superior le había citado aquella mañana, a primera hora. Aseguraba que Alehl le había revelado a Lana los secretos de su identidad y su existencia. "Lana", pensó por enésima vez, evocando su imagen por enésima vez desde que se había separado de ella. No había podido despedirse adecuadamente aquella mañana porque la llamada era urgente. Así pues, la dejó durmiendo sola en la cama, con sus castaños cabellos desparramados sobre la almohada y los primeros rayos de luz iluminándolos, transformándolos en oro. Suspiró.
- Ya he dicho que ella no sabe nada. Pero puede verme -añadió antes de que su superior pudiera replicar nada-. Ella tiene algo especial. Puede verme desde hace ya varios años en sus sueños y, desde anoche mismo, puede verme así, tal cual. Como soy, era o seré. Así -explicó el chico señalándose a sí mismo emocionado-. Quizás haya llegado el momento para ella.
Su Superior quedó mudo durante unos instantes, sorprendido por aquella información inesperada. Se sentó en su enorme sillón de cuero negro y meditó acerca de las palabras de Alehl.
- Lo de los sueños es normal. Suele pasar que los que son como tú aparecen en los sueños de sus "protegidos" en un segundo plano y...
- Pero yo no aparezco en un segundo plano -lo interrumpió Alehl sin poder contenerse-. En sus sueños, yo soy tan protagonista como ella misma.
- ¡¿Cómo?! -exclamó indignado su Superior- ¡Eso no es posible! No es normal. Y eso de que te pueda ver así... Además es obvio que ella aún no está preparada para ser iniciada en el aprendizaje de su don. Este asunto no me gusta nada. Vamos a tener que tomar medidas al respecto, muchacho.
- ¿Medidas? ¿Qué clase de medidas? -preguntó Alehl con voz temblorosa.
Era un estúpido. No debería haber dicho nada sobre las cualidades de Lana. Ahora había conseguido que lo separaran de ella para siempre. "Al fin y al cabo", pensó para sí, "no he tenido otra opción. Si no me hubieran castigado por haberme descubierto ante un ser humano vivo, lo hubieran hecho por traidor". Medidas. Le daba miedo pensar en qué tipo de medidas adoptarían para su caso. Le daba miedo que lo separaran de Lana pues, aunque no se lo hubiera dicho a su Superior, estaba locamente enamorado de la muchacha desde la primera vez que la había visto en los sueños de la propia Lana. Por eso, imaginarse lejos de ella, le destrozaba el alma.
- Medidas, simplemente -respondió aquel individuo, de manera cortante-. Vamos, vamos, no pongas esa cara. Vas a tener lo que muchos de vosotros desearan en su día. Vas a vivir. Existirás. Serás un ser humano vivo más. Aunque -añadió con gesto serio- ya sabes también las consecuencias que ello implica.
Alehl palideció de repente. Los que eran como él ansiaban poder ser seres vivos, relacionarse con las personas de carne y hueso, experimentar sensaciones físicas (como el dolor) y saber lo que eran las necesidades fisiológicas; pero Alehl estaba bien así, y más desde que Lana había sido capaz de verlo la noche anterior. Además, estaban las consecuencias. Todo aquel que pasaba a formar parte de la existencia como ser humano vivo, perdía su memoria anterior. No recordaría nada previo a su nacimiento como ser humano. En caso de que alguien solicitase nacer como adolescente o incluso como adulto, se les implantaban falsos recuerdos de infancia y de su vida anterior. Alehl se estremeció. No deseaba pasar por aquello.
- No puede ser verdad.
-Muchacho, tranquilízate y piénsalo fríamente. ¿Sabes cuántos de los nuestros matarían (en sentido metafórico, por supuesto) por tener tu suerte, por tener esta oportunidad?
- Lo sé, pero yo no la quiero. Me niego a permitir...
- ¡Tú no te vas a negar a nada! -gritó su Superior levantándose de golpe de su sillón y provocando que éste cayera hacia atrás con estrépito-. Si yo digo que te vas de aquí y pasas a ser una persona como cualquier otra, eso se hará y así será. ¿Entiendes?
Alehl temblaba de rabia. Apretaba fuertemente sus puños, pero no sentía dolor. No podía sentir nada.
- Sí -respondió sin más, dirigiendo a su Superior una mirada gélida.
- Bien -dijo aquel señor, poniendo el enorme asiento en su sitio para volver a sentarse en él con una sonrisa escéptica a la vez que estúpida-. Por cierto -comentó cuando Alehl ya estaba saliendo por la puerta. Éste se detuvo y maldiciendo para sus adentros giró sobre sus talones para mirar a aquel ser que le resultaba tan despreciable-, sé lo que sientes hacia esa chiquilla... y tampoco me gusta -hizo una pausa. Alehl no se movió. No sabía a dónde quería llegar su Superior-. Te aconsejo que le digas que vas a desaparecer... y que lo hagas lo antes posible -concluyó muy serio.
- Está bien -murmuró Alehl, destrozado-. ¿Cuándo?
- Aún no está decidido. Ya te llamaremos en el momento adecuado. Ahora, vete de aquí.
Alehl salió y cerró la puerta tras de sí, con fuerza. Se llevó las manos a la cabeza, abatido. ¿Qué iba a hacer ahora? Respiró hondo, tratando de recuperarse y tranquilizarse. Decidió que no era el momento para contarle nada a Lana, así que no lo haría.
Después de todo, aún le quedaba tiempo.
Me encantaría estar sentada junto a tí,así podríamos leer y discutir el texto. Sigo leyendo.
ResponderEliminarCuando quieras me llamas con el portátil en frente y lo vamos discutiendo las dos xD
ResponderEliminarYa te dije que quería que lo leyeras antes de venirme y era precisamente por esto.