martes, 17 de agosto de 2010

CAPÍTULO 5: DOLOR.

Lana se quedó sin aliento apenas unos instantes. Se tambaleó, mirando la mirada vacía que Dani aún le dirigía desde el suelo, rodeado de gente que intentaba reanimarlo. Gritó con todas sus fuerzas y rompió a llorar. Cayó de rodillas al suelo y se llevó las manos a la cara. Claudia ya no la sujetaba. Dani había muerto. recordó aquella última mirada, aquella última sonrisa congelada en sus labios. Gritó de nuevo. No podía ser. Tenía que comprobar que aquello era real. Respirando hondo, aferrándose a la más mínima esperanza que pudiera albergar su corazón, se dirigió hacia la posición de Dani. Nadie se interpuso en su camino, pero todos la miraban desolados. Ella caminaba, con porte serio, temblando aún, y con los ojos y la cara llenos de lágrimas. Cuando llegó hasta él, vio que alguien le había cerrado los ojos. Cerró ella los suyos y abrazó el cuerpo inerte de Dani. Llorando le rogó, le suplicó que volviera. Le repitió mil veces que lo amaba con todo su corazón, que lo quería más que a nadie. Pero Dani ya estaba muy lejos de su alcance y esto hacía que el pecho le doliera de manera sobrehumana. Gritó de dolor, de angustia, de soledad, de impotencia. No podía asumir lo que acababa de pasar.

Levantó la vista, se sentía mareada. Miró a Dani y se estremeció. Lloró más todavía. Acarició la mano de él, tan perfecta pero ahora tan fría. Comenzó a sentir ella también mucho frío de repente. El mareo se incrementó y, antes de que pudiera darse cuenta, todo se volvió oscuro.

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Cuando despertó, estaba en una de las camas de la habitación de la hermana mayor de Dani, que estaba de viaje. Abrió los ojos con mucho esfuerzo y escuchó voces lejanas que cada vez se fueron haciendo más sonoras.

- ¿Lana? ¿Cómo te encuentras?

Ella no reaccionó inmediatamente. La abuela de Dani estaba inclinada sobre ella y le estaba poniendo un paño húmedo en la frente. Recordó de repente todo lo ocurrido y dos lágrimas rodaron por sus mejillas. A pesar de eso, su expresión no cambió lo más mínimo.

Lana no era capaz de articular palabra, así que sacudió la cabeza simplemente.

- Tranquila. Te he despertado porque... -la abuela de Dani la miraba con gravedad y parecía indecisa por terminar la frase o no. Respiró hondo y se decidió-. Porque dentro de una hora es el entierro.

Lana la miró y asintió. Otras dos lágrimas cayeron desde sus ojos. Seguía sin poder hablar. Suspiró, ahogando un sollozo, e hizo ademán de incorporarse, pero se mareó casi enseguida.

- Poco a poco, hija, poco a poco -le dijo cariñosamente la abuela de Dani, ayudándola a incorporarse sobre la cama-. Vamos, ve a darte un baño bien caliente. Seguro que te sienta muy bien -añadió la mujer, mirándola con pena, casi con compasión, y salió de la habitación.

Todo estaba en silencio. Lana se sentía vacía, totalmente destrozada. Trató de respirar hondo, pero nuevamente le faltaba el aire. Vio un vaso de agua sobre la mesilla de noche y lo tomó para beber un sorbo. Después, muy lentamente consiguió bajar de la cama y se dirigió hasta el baño. Cuando se miró al espejo, se dio miedo. Estaba muy pálida y tenía una cara horrible.

Una vez terminó de bañarse, se vistió totalmente de negro. No se maquilló, por lo que el atuendo y el color de su tez contrastaban de manera exagerada. No le importó. Sólo recordó la última sonrisa de Dani e intentó sonreírle desde el espejo. No era una sonrisa bonita y alegre, como siempre lo había sido, sino una sonrisa llena de tristeza y a la vez vacía de todo. Se miró una vez más en el espejo, respiró hondo y salió de la habitación.

No sabía dónde estaría el resto de la gente, así que se dirigió al comedor, donde solían reunirse. Allí encontró a más gente de la que esperaba. Estaba el tío de Dani, que sin preguntarle ni decirle nada, la abrazó con mucha fuerza y le susurró "¡Ánimo!". También estaban otros familiares que no conocía pero que la miraban con una mezcla de curiosidad, desconfianza y pena. La abuela de Dani, también de luto, se acercó hasta ella y también la abrazó. Lana quiso decir algo, pero no encontraba las palabras y simplemente dejó escapar dos lágrimas más. El padre de Dani estaba sentado en una esquina de la mesa y cuando Lana se acercó hasta él, no supo qué hacer y se quedó petrificada. El hombre la miró lleno de dolor y se levantó para fundirse con ella en un sentido abrazo. Luego, le ofreció una silla para que Lana se sentara. Ella lo hizo.

Unos minutos después, llegaron allí la madre, la hermana mayor y la tía de Dani. Las tres de luto. Las tres la miraban. La madre tampoco se había maquillado y el dolor se manifestaba en su rostro y su expresión. Se acercó hasta Lana y también la abrazó con fuerza, después se separó de ella, negando con la cabeza y llorando. Se refugió en los brazos de su marido, quién la abrazó con cariño. La tía de Dani y su hermana, también se acercaron a Lana sin decir nada y la abrazaron.

Lana estaba agotada. Estaba cansada de todo, de sentir tanto dolor, de leer la compasión en los ojos de los demás, de no poder expresar todo lo que se estaba acumulando en su interior, de que la abrazasen sin parar.

- Es la hora -dijo sin más la madre de Dani.

Inmediatamente, todos se levantaron y se dirigieron a la puerta. Lana se sintió felizmente sorprendida cuando vio a sus padres esperándolos en la calle. Se abalanzaron sobre ella susurrando palabras de alivio y consuelo, pero Lana no articuló palabra y simplemente les dirigió una sonrisa triste entre las lágrimas de su rostro.

En el cementerio estaba reunido casi todo el mundo. Todos los amigos y amigas de Dani, entre los que Lana reconoció a Silvia, y todos sus vecinos y conocidos, aparte de su familia y la familia de la propia Lana.

La ceremonia fue breve y Lana apenas prestó atención. Las lágrimas no dejaron de caer por sus doloridas mejillas mientras evocó cada momento, cada sonrisa, cada mirada, cada caricia, cada beso, cada palabra, cada gesto... No podía creer que todo hubiese acabado, que se hubiese ido. Su madre le había llevado una preciosa roja blanca que Lana depositó con todo el cariño del mundo sobre el ataúd, antes de que este fuera enterrado. Sintió cómo todos la miraban compasivamente una vez más, pero no les echó cuentas y evocó la sonrisa de Dani.

Cuando la gente empezó a retirarse, Lana pidió quedarse un rato más. Necesitaba despedirse. Necesitaba contarle todo lo que sentía y había sentido a su lado, y lo que sentiría ahora sin él.

Cerró los ojos, suspiró, se tragó las lágrimas y comenzó a desahogarse con Dani.

3 comentarios:

  1. Hoy lo dejo aquí. Me voy a dormir.Soñaé con los angelitos.
    UN BESO.
    BUENAS NOCHES

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  2. Me alegro de que te guste todo esto. En este capítulo se reflejó parte de mi ánimo esos días. No es sino un vago reflejo de mi interior.
    Creo que el siguiente te gustará también. =)
    Descansa.
    Un beso.
    Te quiero.

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