jueves, 19 de agosto de 2010

CAPÍTULO 7: VUELVE.

Los días iban pasando rápidamente, transformándose en meses, y, poco a poco, todo iba volviendo a su rutina habitual.

Lana volvía a comer y a relacionarse con los demás casi con la misma normalidad de antes. Sin embargo, de vez en cuando necesitaba unos momentos para ella sola, para sumergirse en su universo de recuerdos, emociones, sueños y sensaciones. Se encerraba en su habitación, echaba las persianas, encendía algunas velas, ponía algo de incienso en el quemador y se tumbaba en la cama, escuchando música que le resultaba relajante. No compartía con nadie esos momentos, excepto con Alehl. El chico había estado a su lado durante todos aquellos meses, sin separarse de ella, hablándole, animándola a relacionarse y a volver a su vida normal. Y Lana, a duras penas, lo estaba consiguiendo.

Aún no había sido capaz de sonreír ni una sola vez. En sus ojos se adivinaba fácilmente el dolor y la tristeza que albergaba su corazón. No había logrado olvidar a Dani. Su recuerdo permanecía allí, intacto, y Lana echaba mucho de menos todo lo que él aportaba a su vida: sus besos, sus abrazos, sus sonrisas, sus palabras, sus manos... Todo. Pero, lentamente, Alehl estaba consiguiendo enterrar aquellos aspectos de Dani, que tanto echaba de menos Lana, con los suyos propios. La muchacha había visto en Alehl su mayor apoyo, su mejor amigo y su confidente. Se lo contaba todo y él, con su preciosa sonrisa, iluminaba las tinieblas del corazón de Lana como si de un Sol reluciente se tratase.

Sin embargo, resultaba muy frustrante no poder tocarlo, ni abrazarlo, además del hecho de que nadie más podía verlo. Por eso, a menudo, cuando estaban con más gente, hablaban entre ellos con pensamientos. Lana pensaba una cosa y Alehl lo detectaba y le respondía de la misma manera: con un pensamiento propio. Así podían comunicarse en silencio y sin que nadie lo notara.

Estaban los dos sentados en la cama de la habitación de Lana. De fondo sonaba una dulce música que inundaba la habitación de un ambiente relajante a la vez que romántico y bohemio. Lana escribía un informe sobre un folio en blanco, apoyada en una carpeta. Alehl se tumbó, sumido en sus propios pensamientos. Llevaba ya varios días pensando en sus Superiores. No le habían avisado aún, no lo habían llamado. A veces se preguntaba si habrían cambiado de idea y habrían decidido no castigarle por su supuesto delito. Pero inmediatamente comprendía que aquello era muy poco probable. Simplemente se estaban tomando su tiempo. Suspiró y miró a Lana. Ella se dio cuenta y levantó la vista del papel para fijar sus ojos marrones en Alehl.

- ¿Qué pasa? -preguntó.

- Nada. Pensaba en algo importante pero... No es algo que sepa con certeza.

- ¿Cómo? No te entiendo -dijo Lana. Dejó la carpeta, el folio y el boli con el que estaba escribiendo a un lado y miró a Alehl fijamente-. ¿Qué quieres decirme y no eres capaz, Alehl?

Él sonrió, sacudiendo la cabeza. Habían pasado tanto tiempo juntos que Lana había llegado a conocerlo casi tan bien como él a ella. Ahora conocía cada gesto de Alehl y lo que significaba.

- A ver -empezó a decir él, pero no sabía exactamente que decir y se detuvo unos instantes antes de continuar-. Hay un problema. Yo... he incumplido las reglas.

- ¿Las reglas? ¿Te refieres a lo que... no debes hacer mientras estés aquí... conmigo? -preguntó Lana con algo de esfuerzo para expresarse.

- Así es -asintió Alehl-. Tú no tendrías por qué verme ni yo tendría por qué ser el protagonista de gran parte de tus sueños. Eso no es algo correcto y "los de arriba" se han enterado. Como imaginarás no les ha gustado nada y ahora...

- Espera, espera -le interrumpió Lana-. ¿Me estás diciendo que conocerte, estar contigo y verte te está causando problemas con quien quiera que sea que mande sobre ti?

- Sí. Justamente eso intento decirte. Pero eso no es todo. Hay más -Lana adoptó una expresión preocupada-. Incumplir las normas tiene consecuencias. Me van a castigar.

- ¿Qué? -exclamó Lana-. ¡Pero eso es muy injusto! Tú no tienes por qué ser castigado. Es algo... incomprensible. No pasa nada porque yo pueda verte. No se lo he contado a nadie, es un secreto. Nuestro secreto.

- Lo sé. Pero temen que descubras mi verdadera naturaleza, nuestra verdadera identidad. Y eso es algo muy peligroso para todos. También para ti, créeme.

- Pero hay algo que no entiendo -dijo entonces Lana, pensativa.

- ¿El qué?

- Si sabías cuáles eran las normas, ¿por qué las rompiste?

- Lana, a veces aunque conozcas las reglas las rompes sin dudarlo un sólo segundo -contestó el chico mirándola a los ojos con intensidad.

Ella se quedó callada. De repente entendió muchas cosas, entre ellas los verdaderos sentimientos de Alehl hacia ella misma. Lo miró perpleja, con los ojos muy abiertos. Alehl estaba enamorado de ella. Lo había estado desde el primer momento, tal y como lo reflejaba en sus sueños. La quería tanto que se había arriesgado a ser castigado por sus Superiores. Y Lana se sorprendió al comprobar que algo se removía en su interior. Ella en sus sueños lo había besado, lo había abrazado. Pero nunca le había dado importancia porque Alehl era algo así como su amor platónico. Algo imposible de alcanzar, como una estrella. Y ahora, de repente, fue consciente de lo que Alehl sentía realmente por ella y de lo que ella misma sentía hacia aquel chico de cabellos despeinados y ojos penetrantes.

- Tú... me quieres.

Alehl no contestó. Agachó la cabeza para ocultar sus mejillas sonrojadas por la vergüenza. El silencio confirmó las sospechas de ella. Lana no sabía qué decir. Un torbellino de confusos sentimientos se arremolinaban en su cabeza.

- Sólo quiero que sepas que me iré, ya te lo dije -murmuró Alehl, aún con la cabeza agachada-. Pero creo que ya falta muy poco para que eso ocurra. Y quiero que sepas también que si me voy, volveré contigo si así lo deseas.

Levantó la mirada y clavó sus pupilas en las de Lana. Ésta le devolvió una mirada llena de miedo, de ternura, de cariño. Pero sobre todo de miedo. No podía ser que aquella persona que había sido su mayor punto de apoyo en todo aquel tiempo, se fuera ahora. No era justo. Retiró la mirada, sintiéndose intimidada por la intensidad de la mirada de Alehl.

- ¿Desde cuándo sabías que te tendrías que ir? -preguntó en un susurro apenas audible.

- Desde la noche antes de que te fuera a casa de... de Dani. En realidad, desde ese amanecer. Sin embargo, pensé que no era un buen momento para preocuparte con mis problemas y prefería que disfrutases de Dani sin tener que pensar en nada más. Y después de eso, como comprenderás, tampoco es que la situación fuera la más adecuada para contarte toda esta historia.

Lana respiraba alteradamente. Se sentía completamente frustrada. Hacía mucho tiempo desde entonces. Alehl tenía razón. Debía faltar poco, muy poco tiempo. Y eso le hacía tener la sensación de que no tenía tiempo suficiente para asumirlo ni para despedirse. No podía perder otra vez a alguien tan importante. No podía volver a pasar una vez más por lo mismo. Era horrible sólo pensarlo. Deseaba gritar.

- Irme supone algunos riesgos -dijo Alehl inseguro.

- ¿Qué clase de riesgos? -le preguntó Lana, intentando tranquilizarse.

- La memoria. La perderé. No podré recordar qué ni quién soy. Tendré recuerdos falsos. No te recordaré -Lana se tapó la cara con las manos, angustiada-. Pero no quiero que te preocupes, porque he encontrado un remedio para evitar eso. Aunque "ellos" no lo saben. Me ha costado mucho trabajo conseguirlo, pero he conseguido algo que me ayudará a burlar las consecuencias de mi castigo.

Lana se tranquilizó un poco.

- ¿Estás seguro?

- Completamente -pero, dicho esto, su expresión cambió por completo. Miró a Lana con gravedad-. Volveré, ¿vale? Te lo prometo. Tú... ¿quieres que vuelva contigo?

Lana se quedó conmocionada unos instantes, comprendiendo lo que estaba pasando. Sin embargo, hizo como si no supiera nada y, tragándose las lágrimas contestó con seguridad:

- Sí. Vuelve, por favor. Vuelve a por mí. Yo... -dudó-. Te necesito.

Alehl la miró con ternura.

- Quiero intentar algo. ¿Me dejas?

La chica le dirigió una mirada intrigada, pero asintió con la cabeza. Alehl se aproximó más hacia ella. Alzó una mano y con ella acarició los labios de Lana, que sintió una suave brisa. Repitió el mismo gesto otra vez y a Lana le pareció sentir el tacto de los dedos de él. Pero ¡eso no podía ser posible! Lo miró sorprendida y asustada a la vez. Él sonrió tranquilizadoramente y acercó su rostro al de ella. Lana, dejándose llevar cerró los ojos. Le pareció sentir el fresco aliento de Alehl sobre sus labios justo antes de sentir cómo los de Alehl los acariciaban.

Le estaba besando. Y era de verdad. Un torrente cálido inundó todo su ser y se sintió desbordada ante lo que le estaba provocando aquel beso. Deseó abrazarlo, pero dudó que aquel milagro se hubiese extendido tanto. Así pues, bebió de aquel regalo como si fuese un oasis en medio del desierto. Se perdió en aquella maravillosa sensación, en aquella sacudida de emoción que estaba experimentando después de tanto tiempo. No había vuelto a besar a nadie desde la última noche que estuvo con Dani. Cuando el momento terminó y se separó del etéreo rostro de Alehl, lo miró a los ojos. Él le dirigió una última mirada llena de emoción y desapareció.

Lana sabía que tardaría mucho en volver y ahogó un sollozo.

2 comentarios:

  1. "El silencio fue otorgador"No!!!!!."Su silencio confirmaba sus sospechas" o algo así...
    Sigo leyendo.
    Un achuchon, guapa.

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  2. Ooook! Ahorita mismito lo cambiooo! =D

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